Leyendas de Bécquer

Leyendas de Bécquer

Hoy es el 184 aniversario del nacimiento de Gustavo Adolfo Bécquer  y es hoy cuando recuerdo algo que me pasó allá por 1984…

Juraría que no lo soñé, casi podría asegurar que conocí a Bécquer un mes de mayo, en el bar Rodri, junto a mi colegio. Era por la tarde y no hacía mucho calor, algo impropio de esa época. Venía disfrazado de policía, pero el bigote y la perilla le delataron. Se sentó junto a mí, con un botellín en la mano y me contó que una vez hubo en Asia un hombre al que llamaban El caudillo de las manos rojas, el cual vivió una trágica historia de amor por el que tuvo que pasar numerosas pruebas a cual más dura. Atónito me quedé escuchando y más atónito aún cuando descubrí que al hablar de Maese Pérez, el organista, lo reconocí recordando que ya había leído la historia del tal Pérez y ese órgano que sonaba sin que nadie pulsara sus teclas. Botellín tras botellín su voz me iba embrujando. Había leído las leyendas de Bécquer, pero nunca sospeché que un día fuera a escuchárselas contar a él mismo de viva voz. Continuó hablando del embrujo de unos Ojos verdes sin dueña, que se reflejaban en el agua, de delitos cometidos por amor, como el de un hombre que robó La ajorca de oro que pertenecía a la virgen de una catedral para regalársela a su amada, pagando terribles consecuencias por ello. Consecuencias parecidas a las que tuvieron que pagar aquellos que osaron jugar con el diablo en Bellver, según cuenta la leyenda de La cruz del diablo… Los botellines empezaban a pesar.

Otro botellín y otra leyenda; El Cristo de la calavera, La corza blanca, La rosa de pasión,… El policía Bécquer tenía necesidad de contarlo a alguien porque sabía de buena tinta que nadie le reconocería su genialidad hasta después de muerto. Así fue, sí. Tanto diablo, ánimas y misterios harían mella en él y lo sabía. Y hablando de ánimas y mellas, caló en mi especialmente la leyenda de El monte de las ánimas, el cual – aseguraba mi aparición de Bécquer – existe en Soria y no voy a ser yo el que vaya por allí una noche de Todos los Santos, que siempre he tenido mucho respeto a los guerreros templarios, que parece ser que vagan por allí esa noche.

En un despiste intentó hablarme de poesía, pero hábilmente redirigí la conversación puesto que ese tema estaba ya zanjado y se lo demostré enseñándole una reseña de sus poemas en loff.it, una revista digital que todos deberían leer de vez en cuando. Parece que con esa prueba se dio por satisfecho y prosiguió con sus leyendas. Imaginaos la escena cuando de repente gritó: ¡Es raro! Y a fe que lo era, mas ese grito no significaba más que el título de otra de sus leyendas – esta no la había leído -. De esta nueva historia sólo podría contaros que es no apta para personas con propensión a la tristeza, que más vale que os la saltéis si no queréis pasar un auténtico mal rato. Mira que era trágico este Bécquer. Anduvimos así, entre botellines,  reviviendo drama tras drama; La promesa, El beso, La cueva de la mora, El gnomo o El miserere.

Unas horas después fue cuando realmente comprendí todo. El maestro Bécquer volvía de nuevo a La venta de los gatos en Sevilla – o eso era lo que él creía que era el bar Rodri -. Evidentemente se había equivocado, pero lejos de sacarle de su error, le empujé a que terminara la última historia, la de la venta de los gatos, a la cual volvía cada 10 años y, al no dar nunca con ella, se metía en un bar cualquiera y perdía la razón.

Se fue por donde había venido y aún yo no sé si lo soñé o fue real. No todos los días se te aparece el espíritu de Bécquer y menos aún para contarte él mismo sus leyendas. Apuré el último botellín y miré sobre la mesa en la que se hallaba la gorra de policía que Bécquer había olvidado. Tal fue mi asombro que me quedé como la mujer de la última leyenda; una leyenda que no llegó a contarme, pero que sí he leído: La mujer de piedra.

Leer poesía

Leer poesía

Es cierto y muy posible que – como dicen muchos – la poesía no haya quien la entienda. Incluso otros, los más aventurados exploradores de la comunicación en verso, sostienen que la poesía no debería publicarse, porque el poeta es el único que sabe realmente qué es lo que está queriendo expresar con sus poemas. Su publicación podría compararse, entonces, con una suerte de prostitución de los sentimientos del que se atreve a escribirla. Sin temor a equivocarnos, muchas veces podemos relacionar la poesía con el arte abstracto; visto así, cualquiera puede escribir poesía, así como cualquiera puede pintar un cuadro “sin sentido”. Pero no, nada más lejos de la realidad.

Hasta aquí habrá muchos que estén de acuerdo y muchos otros también que se estén echando las manos a la cabeza pensando que todo esto que he dicho roza la insensatez. Es posible, tampoco lo voy a negar. Sin embargo soy de los que piensan que para poder comprender un poema, deberíamos estar poniéndonos en el lugar del poeta en el momento justo en el que escribió aquello; experimentando exactamente sus emociones, sus miedos, o el episodio que vivió en el pasado y que le dio pie a ver un trocito de mundo plasmándolo en unas pocas líneas cargadas de intensidad y fuerza sísmica. Esto, estaréis de acuerdo, es imposible. Intensidad y fuerza sísmica…  Seguramente el poeta no pretende que comprendamos lo que siente en el momento exacto en el que escribió – seguro que, en ocasiones, ni siquiera él lo sabe -, sin embargo, lo que si sabe el poeta a ciencia cierta es que esos pocos versos que pone al alcance de cualquiera que quiera leerlos, van a lograr que el lector los adapte y los relacione con sus propios sentimientos, sus emociones, sus miedos o el episodio que vivió en el pasado, siendo imposible para él explicarlo… Y de pronto este lector descubre que un simple poema que cae en sus manos contiene las palabras precisas que necesitaba leer.

Nadie nos dice que tengamos que comprender nada de lo que leemos cuando leemos poesía. Nadie debería decir que cojamos un poemario cualquiera y nos pongamos a leer, diciéndonos a nosotros mismos que es bueno o malo. Es cierto que leer poesía y comprenderla es difícil, sin embargo os aseguro que es una de las actividades, relacionadas con la lectura, más gratificantes que hay.

Leamos poesía, pero, de inicio, si nunca lo habéis hecho o vuestros intentos han sido fallidos, os recomiendo que comencéis por poesías fáciles. ¿Quién no ha probado con Becquer? Hoy no recomiendo ningún libro en especial, aunque mi apuesta para acercarse al mundo de la poesía es tomar una de esas recopilaciones con Las mil mejores poesías en lengua castellana. Al tratarse de una cuidada selección, os aseguro que daréis con un buen número de poemas que rápidamente relacionaréis con vuestros propios sentimientos, emociones, miedos o episodios de vuestra vida cuyo efecto nunca supisteis explicar con las palabras adecuadas.

Cien años de soledad

Cien años de soledad

Yo estuve en Macondo, lo sé. Hoy cierro los ojos y aún soy capaz de transportarme al aroma de su entorno. Todo ocurre porque llevo en mi mano los pergaminos de Melquiades, el gitano que, como sabéis, nos trae al pueblo los inventos más innovadores de los últimos tiempos, llevando siempre consigo esos pergaminos intraducibles. Hoy los tengo yo. Abro los ojos…

Ahora estoy aquí, frente a este texto que intento descifrar antes de ser escrito – como los pergaminos-. Fue en el segundo intento cuando logré  comprender todo lo que encierran cien años de soledad. Si, os confieso que la primera vez que abrí la obra maestra de García Márquez lo abandoné cuando llevaba leídas unas pocas decenas de páginas. Años después lo retomé, comencé de nuevo y no pude evitar leerlo de un tirón. Los pergaminos de Melquiades me tenían loco.

Pero mientras se averiguaba o no el significado de los dichosos pergaminos, estuve en ese lugar, lo sé. Estuve con José Arcadio Buendía, obligado fundador de Macondo, a causa de Prudencio Aguilar, al que mató en duelo y un maldito remordimiento estuvo persiguiéndolo toda su vida. Y con Úrsula Iguarán, su esposa y la espina dorsal de toda la familia – años de vida le avalan – desde el primero hasta el último; el pobre niño que nació con cola de cerdo y que se comieron las hormigas. No pude estar allí en ese momento para ayudarle. ¡Una lástima! Pero ya se sabe que un matrimonio con un vínculo familiar conlleva el riesgo de tener un descendiente con cola de cerdo.

No menos asombroso fue ver cómo Remedios desaparecía elevándose envuelta en una sábana y, más asombroso aún, aquel diluvio que duró más de cuatro años de forma ininterrumpida.  O la peste del insomnio, una extraña enfermedad que provoca que, quien la padece, deja de dormir y pierde la memoria. Estuve allí y lo viví, porque leí todo el libro de un tirón  – si, en mi segundo intento – porque me tenían loco los pergaminos de Melquiades, los cuales encierran todo el misterio de Cien años de soledad

Gabriel García Márquez consigue que hoy, muchos años después, frente a una pantalla de ordenador, yo haya de recordar aquella tarde remota en la que cayó en mis manos por segunda vez su obra maestra Cien años de soledadhaciéndome creer que yo estuve en ese lugar. Algo parecido a lo que le ocurriera al primero de los hijos de José Arcadio y Úrsula que naciera en Macondo: Aureliano. Porque ya sabéis que…

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarías con el dedo.

Sólo el principio ya es absolutamente brillante y desprende realismo mágico por los cuatro costados. No puedo creer que haya quien aún no lo haya leído.

Luces de Bohemia

Luces de Bohemia

Cuánto daría y por haber estado en aquel momento en la calle Pretil de los Consejos, en la cueva de Zaratustra, concretamente, para poder participar de una conversación tan fuera de mi alcance, diciendo cosas como Este pueblo miserable transforma todos los grandes conceptos en un cuento de beatas costureras. ¡Eso es hablar de política! Estoy ahí, lo noto; cierro los ojos y me veo de camino a la calle Montera, a la taberna de Picalagartos, que es como la llama el genio. Ese lugar en el que Max Estrella – ilustre poeta – empeña la capa para poder pagar un décimo de lotería que toca seguro. ¡Como que es un capicúa de sietes y cincos! No hay duda, no la tiene Max, ni Latino, ni el mismísimo “Rey de Portugal”, mientras siguen bebiendo rute. Veo cómo el rute les afecta al cerebro no sin darme cuenta de que estoy ante un cráneo privilegiado. Al tiempo, de fondo, una revuelta proletaria anima las calles de Madrid y en ella se pierde la Marquesa del Tango – la Pisa Bien – con el décimo birlado a Max estrella.

 

La revuelta y la bebida, junto con la búsqueda de la ladrona del décimo, discurren sin cesar y acaban llevando a nuestro ilustre poeta a buscar su décimo en la buñolería modernista – hoy conocida como Chocolatería de San Ginés – para terminar dando con sus huesos en el calabozo de “La Delega”, el Ministerio de la Gobernación. En lo que conocemos como edificio de la Comunidad de Madrid, vaya. Intento seguir sus pasos, pero me lo impide la presencia de dos guardias, mas  puedo escuchar de lejos la sublime conversación entre Max y el preso que le ha tocado de compañero, uno al que llaman anarquista, un cartel que niega argumentando que es lo que de él han hecho las leyes.

 

Menos mal que Max consigue salir de allí, gracias a la intercesión de amigos influyentes. Hace frío y me estoy helando, pero no pienso perderme el final de esta historia y sigo los pasos de la pareja protagonista que camina sin pausa hacia el café de la calle Colón en el que se encuentran con… ¡Rubén Darío! En este punto es en el que me doy cuenta de que lo que me está ocurriendo no puede ser real. Paso horas absorto, mirando, escuchando, aprendiendo. Casi no me doy ni cuenta de que Max y Latino ya se han ido. Los he perdido y no voy a llegar al final. Huelo sus pasos en el Paseo de Recoletos – el paseo con jardines, como lo llaman ellos – para dar al final, no sin atravesar algún obstáculo en mi paseo por una calle del Madrid austríaco – la de Felipe IV, supongo – para continuar por la Costanilla de los Desamparados hasta llegar al Callejón del Gato donde vuelvo a ver a los dos personajes con los vapores del alcohol haciéndoles delirar ante unos espejos que explican gráficamente lo que es un esperpento.

 

¡Mala sombra! Veo cómo mi idealizado Max Estrella suelta sus últimas bocanadas de aire y cómo su alma se desprende de su cuerpo a la vez que su cartera, de manos del ruin Latino de Hispalis.  Y decido que no voy a ir al entierro; ¿para qué? ¿para sufrir más junto a Collet y Claudinita – madre e hija del difunto? De hecho no puedo ir, porque esto no es real. No señor. Pues acabo de despertar y entre mis manos tengo Luces de Bohemia, la mayor obra de teatro jamás escrita con la pluma del maestro, del genio Valle Inclán… ¡Cráneo privilegiado!

Un apunte claro y concreto sobre estrategia de marketing de contenidos

Un apunte claro y concreto sobre estrategia de marketing de contenidos

En este post, voy a definir 3 puntos clave a la hora de diseñar una estrategia de marketing de contenidos.

Habitualmente, cuando echamos mano de Google para leer algunos artículos que nos hablen de estrategia de marketing de contenidos, solemos encontrarnos con textos muy similares y en los que siempre se dice lo mismo, con pequeñas variaciones. Esto nos lleva a meternos en un bucle en el que nos movemos con los mismos mensajes: Hay que aportar valor, debemos cubrir las necesidades y solucionar problemas, sorprender a nuestros lectores, … Todos estos son conceptos generales que nos dicen lo que hay que hacer, que ya lo sabemos y no conseguimos avanzar un poco más allá. Son, nada más que el prólogo a una estrategia clara. ¿Cómo se materializa todo esto en un plan de contenidos? Yo tengo una idea, a ver si os sirve.

Os propongo lo siguiente…

La experiencia me dice que para llegar al punto en el que podamos ofrecer un contenido que pueda hacer frente a la lista de consejos habituales y generalistas necesitamos tener en cuenta 3 puntos de apoyo:

 1- Conceptos que queremos transmitir.

Tienes un producto o servicio que quieres ofrecer a futuros clientes. Estoy seguro de que ese producto o servicio cubre necesidades, soluciona problemas, cuenta con un valor añadido y demás. Ahora llega el momento de transmitirlo. Lo que ofrecemos lleva intrínsecos una serie de conceptos que lo hacen atractivo, necesario y, en ocasiones, único. Así que, pregúntate: ¿cuáles son esos conceptos? Te pongo unos ejemplos, que no son de las típicas marcas punteras con las que todo es mucho más sencillo (algunos llevan enlace porque me dieron ideas y es una manera de agradecerlo):

  • Horchatería en Valencia que utiliza sólo productos naturales, elaborada de forma artesanal y que ya lleva funcionando 2 generaciones. Conceptos: Natural, artesanal, tradicional, olores, sabores.
  • Iristrace, una empresa que ofrece una herramienta capaz de transformar riesgos en datos útiles que ayudan a dirigir el riesgo y un análisis en tiempo real. Conceptos: Agilidad, seguridad, de la mano, predicción.
  • Empresa que se dedica al comercio de gominolas y quiere transmitir los conceptos de trato cercano, dulce, empatía, confianza.
  • Empresa que se dedica a comercializar productos naturales de varios tipos y usos. Conceptos: Salud, bienestar, curación, vida, prevención.
  • Turismo rural en Ávila, que ofrece calidad, deporte, actividades, ocio, tranquilidad, sosiego, confianza…
  • Artista (pintor), con un estilo especial, que vende sus cuadros a través de las redes sociales. Ofrece cuadros personalizados por encargo. Conceptos: Creatividad, Storytelling, arte.
  • Hotel rural en Candeleda que quiere transmitir experiencias, compromiso, cercanía, familia, hogar.
  • Taller de artesanía en cuero y cuerno con unos conceptos claros a transmitir: Decoración, artesanía, utilidad, originalidad.
  • Un banco de imágenes, cuyos conceptos a transmitir serían utilidad, adaptabilidad, flexibilidad,

(Creo que os he dado unos cuantos ejemplos de empresas ‘de este mundo’ y bastante variado, ¿no?) 😀

2- Escenarios o territorios en los que vamos a movernos.

Ya tenemos los conceptos y ahora tenemos que transmitirlos. Para ello debemos hacerlo en unos territorios concretos, en escenarios afines al producto o servicio que ofrecemos. Por ejemplo, la empresa de productos naturales puede moverse en los escenarios de las dietas, el deporte, enfermedades, hogar.  La horchatería podría clasificar sus escenarios en las estaciones del año, primavera, verano, en un escenario de playa o piscina. En invierno y otoño, el escenario puede ser la merienda o el desayuno. Fines de semana puede ser otro escenario o territorio en el que moverse.

Son territorios o escenarios que se me ocurren de forma improvisada y seguramente, dedicando tiempo a pensar, podríamos encontrar otros diferentes y más eficaces en los que comunicar lo que queremos comunicar.

Definidos los conceptos que queremos transmitir, con los que queremos llegar a esa parte del cerebro de quien nos lea con el objetivo de despertar sus emociones, sus miedos, su dolor o su placer, tenemos que colocarlos en diferentes escenarios. Podríamos, por ejemplo, utilizar una imagen de playa, con un vaso de horchata en primer plano y hablar de naturaleza, de bienestar,… entre la imagen y el concepto, haremos que quien nos lea tenga un aviso en su cerebro que le generará un estímulo. Cuanto más fuerte sea el estímulo, cuanto más directo a la parte sensible del cerebro, con más fuerza quedará grabada nuestra marca en su cabeza y su memoria.

Una vez claros los conceptos y los escenarios, es hora de planificar…

En este punto lo apropiado es hacer un calendario, mensual por ejemplo, en el que coloquemos los escenarios que hemos decidido que son los idóneos para nuestra marca y distribuirlos a lo largo de los días de la primera semana. Las siguientes semanas, distribuimos los mismos escenarios, pero en días diferentes a la semana anterior. Y así vamos, semana tras semana, rotando el orden.

Después de colocar los escenarios, territorios, decorados,… en nuestro calendario, le encajamos los conceptos a cada escenario, como mejor nos parezca. Tenemos entonces un calendario en el que hemos previsto un entorno y unos conceptos distribuidos a lo largo de un mes. lo que tenemos, en definitiva es un plan de contenidos con la idea o concepto principal que queremos transmitir y el escenario en el que lo queremos encajar.

Aquí tenéis un ejemplo de estrategia definida y concreta para marketing de contenidos Clic para tuitear

3- El tono y estilo a la hora de transmitir.

Ahora sólo nos falta el copy, el texto, el mensaje que contiene ese concepto y la imagen que lo acompañe y complemente. Así que nos ponemos en marcha y elaboramos un calendario para cada red social en la que estimemos conveniente estar presente. Por mi parte recomiendo, en general, Facebook, Twitter e Instagram. Así que, si vas a tener presencia en estas tres redes, prepara calendario con un ritmo de publicaciones que podría ser el siguiente:

  • Facebook  – 1 publicación diaria.
  • Instagram – 1 publicación diaria + 2 Stories semanales.
  • Twitter – 3 publicaciones diarias.

Por último, ¿qué tono vamos a emplear en la comunicación? Tendremos que decidir cuál es el tono. podemos utilizar el estilo humorístico, sensacionalista, periodístico, dramático, académico,…Decide qué estilo va con tu marca y adelante con él, con tus conceptos y tus escenarios.

Como consideración final, recomiendo que tengáis claras ciertas técnicas de copywriting como el uso de unos u otros tipos de verbos, el uso de adverbios, y decenas de técnicas más que no caben en este post, pero que es fundamental tener en cuenta.

Claro, a los que ya estáis en el barro del marketing de contenidos, os peleáis día a día con ello, experimentáis y aprendéis al tiempo que crecéis, no hace falta que os recuerde que esto es un trabajo duro, pero que da sus frutos. A los que estáis empezando, es el momento de comentaros esto de que no sirve de nada llenar los contenidos de una marca en redes sociales, sin un plan y una estrategia definida previamente. Y a las marcas que deben dedicar un presupuesto a esto, decirles que reconozcan de una vez por todas que esta labor necesita dedicación, tiempo, calidad, saber hacer y eso cuesta dinero; probablemente más dinero del que inicialmente se pensaba.

Por último, una frase que acabo de leer un post de Gabriella Literaria y que es la base del marketing de contenidos…

Haz reír, llorar, sufrir, temblar u odiar a tus lectores. Tú eres el dueño de sus emociones, pero sé consciente de que tu manipulación debe ser invisible. A nadie le gusta saber que lo están manipulando.

Cualquier cosa que queráis comentar o sugerir, adelante. Este espacio es vuestro.

 

 

 

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