Situación del comercio después del Covid-19

Situación del comercio después del Covid-19

Aunque pueda parecerlo, este no es un post para desanimar, sino todo lo contrario, pero hemos de ser realistas y estar atentos a lo que podría venir cuando logremos superar esta situación.

Estamos inmersos en una aureola de buenrollismo  que está muy bien, pero que muchas veces no nos deja pensar un poco más allá, sobre todo a quienes tenemos algún pequeño negocio o comercio que atender y que vamos a tener que luchar para sacarlo adelante en un futuro próximo. Para ello, hay que tener muy en cuenta que las circunstancias están cambiando y esos cambios no an a ser pasajeros. ebemos convencernos de que hay que dar un paso adelante y tener preparado el desarrollo de nuestros negocios en el entorno online. Y es por una serie de razones que paso a enumerar:

  • Aquellos que no se mueven en online, porque no lo tienen desarrollado o porque no saben hacerlo, no están teniendo ninguna posibilidad de ingresos. Ya había millones de personas comprando online antes del Covid-19 y no podíais llegar a ellos porque no estabais preparados. Tras el Covid-19 esos millones de personas seguirán comprando online.
  • El número de personas que compran online se está multiplicando exponencialmente durante la cuarentena. Básicamente porque no tienen más remedio que hacerlo si quieren o necesitan comprar. Incluso muchos, muchísimos de los más reticentes están haciéndolo.
  • Los nuevos compradores online están descubriendo la parte positiva de esta manera de comprar y no van a dejar de hacerlo después de la cuarentena, porque acaban de descubrir que es algo positivo. A esos millones de personas que ya lo hacían, se sumarán muchos millones más.
  • Todos los comercios que no tienen implementada una solución de venta online o, al menos, de atención al cliente, van a perder muchas oportunidades de ingresos por no tener mínimamente preparado algo que es relativamente sencillo y barato.

Durante este periodo de confinamiento ofrezco mi conocimiento y mis servicios para atender y, si es posible,  resolver cuantas dudas o problemas puedan surgiros acerca de este asunto. Si necesitáis preguntar algo, lo que sea, os responderé en la medida que pueda. Podéis preguntar directamente en los comentarios de este post, o bien podéis hacerlo de forma privada a través de este formulario:

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El rojo y el negro – Stendhal

El rojo y el negro – Stendhal

 

Os invito a dar un paseo por la Francia de la tercera década del siglo XIX. Tened en cuenta que en esa época, últimos años de la Restauración Borbónica, había grandes tensiones entre los republicanos del momento y la aristocracia católica. Un momento histórico en el que para poder ascender de estrato social y codearse con las altas esferas era necesario tener un elevado nivel de inteligencia además de saber encontrar  el camino más rápido:  pertenecer a la iglesia (negro) o al ejército (rojo).

En este contexto, Julien Sorel,  hijo de un aserrador que únicamente da valor a las aptitudes manuales, dejando de lado las intelectuales, observa cómo su hijo Julien – según su criterio – pierde el tiempo con esa obsesión por aprender y esa inquietud por desarrollar sus capacidades cerebrales. Pero lo que Julien se ha marcado como meta en su vida es llegar a ser un miembro de la alta sociedad, a pesar de sus orígenes.

Para alcanzar sus objetivos toma los dos caminos fáciles, el de la iglesia en la primera parte del libro y el del ejército en la segunda. Claro, dicho así se ve fácil, pero no es tal, pues la historia se carga de intensidad cuando aparecen las protagonistas femeninas a las que Julien Sorel elige como rampa de lanzamiento para la consecución de sus ambiciones. Lo que ocurre es que su estrategia no está exenta de dificultades, primero con el confiado esposo de su primera amante, Luisa Renal; después con el deshonrado padre de la segunda, Mathilde de La Mole.

Toda una trama de ambiciones, romances, celos, venganzas, crímenes y amores eternos que hacen que la novela de Stendhal, El rojo y el negro, resulte vibrante, tanto por su argumento como por el estilo narrativo.

A mi particularmente, este tipo de novela, encuadrada dentro de lo que se llama novela sicológica o realismo sicológico, me gusta especialmente porque no sólo tiene trenzado un argumento que engancha, sino que va más allá de la propia narración de los hechos y analiza cada cosa, cada acción o actitud, adentrándose en los motivos que llevan al personaje a realizarla. Un ejemplo muy claro de este tipo de novela lo tenemos en la novela Crimen y castigo. Por supuesto, esta técnica narrativa es endiabladamente difícil de dominar, ya que el autor corre el peligro de salirse del argumento, enredándose con los pensamientos de los personajes, hasta que se pierde, costándole mucho esfuerzo volver a coger el hilo. Si eso le ocurre al autor, podemos imaginar lo que le pasa al lector… Pero, claro, en este caso estamos hablando de El rojo y el negro, de Stendhal, es decir, palabras mayores.

Cuando el principio te embruja…

Cuando el principio te embruja…

Desde siempre es bien sabido que un inicio de algo, lo que sea, que contenga una fuerza tal que absorba la atención del que lo vive, que tenga el poder de cautivar a quien lo recibe, genera una disposición a continuar que no sería tan intensa sin ese inicio. En la literatura, se trata ni más ni menos que de lograr que el lector sea capaz de imaginar la situación con un mínimo esfuerzo, que viva ese primer párrafo como si estuviera ocurriendo realmente o como si situara al propio lector en el centro de la acción. El primer párrafo de una novela es fundamental y hay ejemplos de grandes genios que dieron en el clavo en el momento de escribir aquello que escribieron y dieron en el clavo para llegar a construir lo que con el tiempo sería una obra maestra.

Sin embargo, aunque tardemos escasos segundos en leer estos primeros párrafos, de lo que no somos conscientes del esfuerzo que hubo de hacer, la cantidad de veces que escribió y reescribió García Márquez ese gran comienzo de la novela que todos conocemos, contándonos que Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre le llevó a conocer el hielo. Hay quien dice que pasaron meses hasta que encontró su principio perfecto.

En otras ocasiones parece que el escritor escribe por obligación y que, cuando termine esa novela, nunca jamás volverá a escribir otra. Claro, esto, a toro pasado, es muy fácil apreciarlo, ¿no? ¿Creéis que fue eso lo que le ocurrió a Sallinger cuando empezó a decir aquello de Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no me apetece contarles nada de eso.

José Saramago, por su parte nos mete de lleno en la novela, invitándonos a revivir algo que todos hemos vivido miles de veces y en cuyos detalles nunca nos hemos parado a pensar. ¿Quién  no ha vivido esto? Se iluminó el disco amarillo. De los coches que se acercaban, dos aceleraron antes de que se encendiera la señal roja. En el indicador de paso de peatones apareció la silueta  del hombre verde. La gente empezó a cruzar la calle pisando las franjas blancas pintadas en la capa negra del asfalto, nada hay que se parezca menos a la cebra, pero así llaman a este paso. 

Me encantan los inicios en los que nos dicen que va a ocurrir algo y van nombrando a los protagonistas, como si les conociéramos de toda la vida. Lo que de inicio no nos cuenta Tolkien es la grandiosa aventura que estamos a punto de vivir. No nos lo cuenta, pero los detalles que aparecen en tan solo 3 líneas ya nos dan una idea de ello: Cuando el señor Bilbo Bolsón de Bolsón Cerrado anunció que muy pronto celebraría su cumpleaños centesimodecimoprimero con una fiesta de especial magnificencia, hubo muchos comentarios y excitación en Hobbiton.

A mí personalmente me impactó lo que Javier Marías insinuó en una de sus magníficas novelas. Todo indicaba que nos esperaba una trepidante historia que no había hecho más que comenzar.  Nadie piensa nunca que pueda ir a encontrarse con una muerta entre los brazos y que ya no verá más su rostro cuyo nombre recuerda. Nadie piensa nunca que vaya a morir en el momento más inadecuado a pesar de que eso sucede todo el tiempo, y creemos que nadie que no esté previsto habrá de morir junto a nosotros.

Lo que nunca morirá son aquellas novelas que nacieron para ser eternas y que perdurarán por los siglos de los siglos. Éstas dos, no está previsto que mueran junto a nosotros. Quizás Cervantes y Dickens no lo sabían a ciencia cierta, pero seguro que, al menos, lo sospecharon.

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación.

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.

 

(Imagen – Pixabay)

Crisis de reputación digital por el coronavirus

Crisis de reputación digital por el coronavirus

Especial cuidado hay que tener y debemos cumplir escrupulosamente todas las recomendaciones que nos están dando, cada día, los organismos oficiales relacionados con la sanidad, los hospitales, los médicos y todo el personal sanitario. Seguro que no es necesario que os las recuerde yo aquí. Aunque en este post quiero comentar algo relacionado con todo esto y que parece que no estamos teniendo en cuenta desde la óptica del marketing: la posible crisis de reputación por noticias o publicaciones relacionadas con el coronavirus.

Puede ocurrir, como caso más común, que ciertas marcas difundan consejos y demás para contener la propagación del virus, pero que en su día a día contradigan esos consejos con prácticas que están en contra. En estos casos, que se preparen, porque como haya unos pocos que lo detecten, sus redes sociales pueden llegar a ser un hervidero de comentarios negativos.

Mucho cuidado con las fake news relativas al coronavirus. Compartir este tipo de noticias falsas puede repercutir muy negativamente en la reputación digital de la marca. Antes de compartir cualquier noticia, debemos asegurarnos que es veraz y contrastada.

Si publicas en nombre de una marca, ten especial prudencia en compartir memes humorísticos relativos a la epidemia (pandemia ya). Que esto lo hagamos de forma particular en entornos de personas cercanas a nosotros, vale, pero hacerlo en nombre de una marca es una de las peores cosas que podemos hacer.

Si a pesar de haber sido prudentes en nuestras publicaciones, algún usuario encuentra un agujero y, con mala fe, ataca a la marca basándose en algún error que hayamos podido cometer, debemos frenar de inmediato cualquier ramificación de este ataque, para lo que debemos estar preparados de antemano y con un plan de actuación en el que esté reflejado qué responder, cuándo responder, en qué tono y alguna estrategia inicial para frenar la posible ramificación del problema. Una ramificación de una crisis de reputación digital es lo peor que puede ocurrir en estos casos. Puede que a tu marca no le ocurra nada de esto, pero te aseguro que no está de más tenerlo preparado.

  • En cualquier caso, si no has tenido aún un problema de este tipo, lo mejor es prevenir, y para eso te comento algunas sugerencias:
  • Puedes no publicar absolutamente nada sobre el tema. De esa forma no entrarás en polémicas que puedan afectar a tu reputación.
  • Ni se te ocurra hablar de política en nombre de tu marca.
  • Publicar lo que estás haciendo para contener el coronavirus en tu empresa ( o en la empresa a la que representas en redes sociales)
  • Si quieres dar alguna información, publica datos contrastados y fiables. Los datos siempre son una información atractiva y útil. No publiques opiniones personales, ni datos que puedan ser erróneos.
  • Cuenta la historia particular de cómo va viviendo tu empresa, día a día, este problema.
  • Comparte noticias relacionadas con el coronavirus, pero que se limiten exclusivamente a tu sector. Y siempre, repito y no me canso, contrastadas.
  • En todo lo que publiques busca una utilidad para tus seguidores en redes sociales, pero no busques incrementar tu masa de seguidores aprovechándote de esta situación. Seguramente no notes nada ahora, pero actuando así tu reputación digital se verá beneficiada a medio y largo plazo.

Como ves, estas sugerencias ya son, en si mismas, una buena parte de un plan de crisis. De todas formas, si ya tienes el problema y no sabes bien cómo abordarlo, o si quieres tener un buen plan de prevención ante una posible crisis de reputación, no dudes en contactar conmigo y hablamos. Puedes utilizar para ello este formulario de contacto de mi empresa, Imagen Social.

Y para cualquier cosa, siempre puedes opinar en los comentarios o contactarme a través de mis perfiles en redes sociales.

 

Foto de Simón Arroyave en Pexels

Hamlet

Hamlet

Ayer, tras un día complicado en Barcelona, volvía en tren, cansado, con ganas de llegar y pensando en cómo ir preparando el día siguiente. En esas estaba, absorto, cuando vi que el tipo que tenía en el asiento de enfrente hablaba solo, diciendo cosas bastante extrañas y ciertamente preocupantes. Ya era grande mi sensación de sorpresa cuando descubrí que su cara y su aspecto me eran tremendamente familiares. La sorpresa fue mayúscula, acompañada de un grito ahogado cuando vi claramente que el tipo en cuestión era yo mismo. Podéis imaginaros la situación, tan paranormal como inverosímil. Mas yo, lejos de apartar semejante alucinación de mi cabeza, insistí en investigar lo que estaba ocurriendo y decidí entablar una conversación con mi otro yo. ¡Qué locura!

Resulta que momentos antes al tipo, o sea, a mí, se le había aparecido el fantasma de mi padre, cosa más que extraña, pues mi padre está muy vivo y por muchos años. El caso es que el fantasma me contaba que su hermano le había matado por no sé qué suerte de sucesión en la corona de Dinamarca. Así que, recapitulando, mi padre era el antiguo rey de Dinamarca y, por consiguiente, ¡yo era el príncipe de Dinamarca! No podía creer lo que me estaba ocurriendo. Notaba como el resto de los pasajeros del tren me miraban atónitos, pero yo no podía frenar la situación, pues ésta me superaba. Era consciente de que no existía una lógica para explicar todo aquello que me estaba pasando, mas era real.

Lo que ocurrió a continuación superaba todo lo acontecido hasta entonces. He de deciros que sin haber tenido nunca ningún tío carnal, resulta que ahora me sale uno que ni conocía, resultando ser el asesino de mi padre y, además, rey de Dinamarca. Mi nuevo tío se llamaba Claudio y había matado a mi padre para conseguir el trono danés. Fue por esto por lo que el fantasma de mi padre se me había aparecido en el AVE Barcelona-Madrid para comunicarme su imperioso deseo de que fuera yo el que vengara su muerte, cargándome a todo el que se interpusiera en el camino que me llevaría a ejecutar mi venganza. Todo terminó de trastocarse cuando mi suegro , de nombre Polonio, aunque siempre había sido Luis, estuvo hablando con mi mujer que ahora se llamaba Ofelia, en lugar de Paloma para comentar que yo me había vuelto loco perdido.

Para enredarlo todo aún más si cabe, mi recién descubierto tío se había casado con mi madre y, juntos, estaban elaborando un plan para espiarme, junto a mi suegro y declararme definitivamente loco. Todo era una estratagema urdida por mi tío Claudio encaminada a deshacerse de mí. Yo, entre tanta locura, no daba pie con bola. Tal era el lío en el que me había metido sin buscarlo, que, de puro nervio, sin saber lo que hacía, mato a mi suegro al confundirlo con mi tío. El hombre estaba espiando detrás de la cortina cuando lo atravesé con una espada que, vete tú a saber de dónde la había sacado. En mi doble conciencia sabía que muchos de los pasajeros del tren tendrían que estar pensando en llamar a la policía, o al manicomio, porque tales escenas no podían concebirse en un aparentemente tranquilo viaje en tren. Pero estaba pasando y yo era incapaz de frenar tanta locura.

En poco tiempo mi padre se me había aparecido en forma de ánima, yo había matado a mi suegro por error y, lo peor, mi mujer se había suicidado ahogándose en un río. Si no es para volverse loco del todo, que venga Dios y lo vea. Como consecuencia de lo de mi mujer, mi cuñado, que ahora se llamaba Laertes, quiso vengar la muerte de su hermana y también vino presto a matarme, justamente en el entierro y funeral de ¿Ofelia?. En la trifulca, él fue el que salió mal parado, además de mi madre, que también murió envenenada con una copa de vino destinada a su consumo por mi parte. Como son las cosas de madre e hijo que hasta el propio azar pone por delante la vida de una madre ante la posibilidad de peligro del hijo. Ya sólo falto yo, sólo falta mi propia muerte entre tanta desolación. No se hará esperar, pues mi cuñado Laertes me ha herido con la misma espada envenenada que yo he usado para matarle a él.

Justo cuando voy a morir y a contarle toda la historia a mi amigo Horacio, un alarido ha enmudecido el AVE Barcelona-Madrid. Me he despertado sobresaltado y mirando a derecha e izquierda, hacia delante y hacia atrás. Todos me miraban. Ha sido entonces cuando he comprendido todo…

Un consejo que os doy: no dejéis de leer o releer Hamlet, de Shakespeare, no os lo perdáis, pero no lo hagáis justo antes de dormiros, que corréis el riesgo de tener un mal sueño.

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