Desde el seísmo ocurrido en Haití me acuerdo de vez en cuando de Venecia Lonis , después miro a mis hijos y pienso en la inmensa suerte que tengo. Y que tienen ellos.

Desde el seismo ocurrido en Haiti estoy leyendo posts, siguiendo iniciativas solidarias, etc… Vamos, como la mayoría. Y ya no es sólo por las “Venecias Lonis”, sino por cualquiera de los que se han quedado sin familia, que se han quedado sin nada y que va vagando por ahí intentado “pillar” cualquier cosa útil (o valiosa). Vemos un país desolado y maltratado, no ya por el terremoto en si, sino por las sacudidas que se le ha ido dando a su esperanza a lo largo de la historia.

Ahora vamos a apagar el fuego; ahora interviene EE.UU ; ahora nos movilizamos todos e intentamos poner lo que podamos para que aquella gente tenga una mínima posibilidad de salir adelante. Y digo “aquella gente” sabiendo cómo lo digo, porque, no nos engañemos, visto desde aquí nos queda muy lejos. Es triste, aunque reconfortante a la vez pensarlo ¿verdad?.

Lo que yo no comprendo es cómo la humanidad permite que ciertos países vayan a la deriva, cuando con cabezas pensantes y manos honradas no habrían llegado a la situación pre-seísmo, que ya era de por si, calamitosa en grado sumo. Y ahora, para rematar, la naturaleza se revela también contra ellos. Y lo hace por partida doble

En fin, que este es un blog de hoteles, de negocios, de marketing en el sector turístico, pero de vez en cuando es necesario salirse del tema…

… Y eso he hecho, porque me cuesta no ver de vez en cuando a Venecia Lonis y me pregunto si habrá sobrevivido o si, por el contrario, estará ahora ahí Arriba pidiendo cuentas por haber tenido la maldita suerte de nacer en un país al que Dios le dio la espalda.

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