Hola amigos.

de cómo las ideas aparentemente felices pueden fluir en una dirección para, en pocas horas y de repente, fluir en la dirección contraria es algo que, a partir de hoy tendré muy presente. Y todo debido, seguramente a la falta de conocimiento por mi parte o a la confusión de conceptos, también por mi parte.

Pero…, creo que debo explicarme:

Para poneros en antecedentes, deciros que hace algún tiempo, a través de Carme Pla, descubro, Consultoría artesana en red, el blog de Julen Iturbe, y digo «joder, cuánto sabe este tío» (siento los términos, pero es transcripción literal de mi pensamiento). Y lo digo, sobre todo porque veo que su claridad de ideas supera con creces las mías.

Esto por un lado. Así que, desde entonces, lo leo (menos de lo que quisiera. Ya sabéis, el tiempo disponible) , pero de forma pasiva en lo que se refiere a la conversación, es decir, recojo, pero no aporto, por razones obvias.

Por otro lado, desde hace unos días me rondaba la cabeza iniciar una serie de análisis con juicio personal incorporado, de sitios de cadenas hoteleras españolas, para ver por dónde se mueven. Hoy he revisado un par de ellas (Sol Meliá y Barceló), y he recogido material suficiente para emitir un mi dictamen, personal y subjetivo, claro está.

Así que, muy dispuesto, he decidido ponerme manos a la obra, después de darme una vuelta por Turismo 2.0, como acostumbro diariamente desde su nacimiento. Y aquí me he topado con la desazón. Todo ha ocurrido a partir de una discusión de Juan Sobejano en la que plantea un debate sobre la «Empresa abierta». En él ofrece un link a artículos de Julen Iturbe sobre el tema, de los cuales he leído alrededor de diez o doce. A continuación me he puesto a escribir este artículo y he llegado hasta aquí para decir que se me han quitado las ganas de desarrollar la feliz idea de los análisis de las webs hoteleras, que, hoy por hoy, no merece la pena; que estas cadenas están muy lejos, lejísimos, de atisbar lo que plantea Julen, lo cual, por otro lado, es parte de un presente que nos come; que no existe, ni siquiera asoma, un atisbo de cambio, creo que por varias razones fundamentales que tomo prestadas de Julen, con su permiso:

– No sólo hacen falta tecnologías y herramientas, sino nuevos modelos mentales.

– Falta absoluta de involucración del cliente en el proyecto. Incluso habiendo alguna acción que genera alguna espectativa, pero se queda, al final, en agua de borrajas (léase «Escape» de Sol Meliá).

– La custodia del conocimiento interno en la caja fuerte de las mentes de los directivos.

– Miedo a lo desconocido y su consiguiente resistencia al cambio desde la cúpula de la pirámide de la empresa vertical clásica 0.5, que ni siquiera 1.0.

En fin, quizá no deba leer tantos «libros de caballería». Quizá se me pase y vuelva a la idea del análisis de la webs hoteleras. Pero hoy no, pues veo a lo lejos unos gigantes a los que tengo que abatir.

«Cosas veredes, amigo Sancho, que casi prefiero dedicarme en exclusiva a la Ínsula Barataria».

Hasta la próxima,

Rafael

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