A ver cómo os explico esto que me pasa por la cabeza… Se me ocurre, por ejemplo, un pequeño relato para intentar ilustrar lo que quiero decir con el título; ahí va:

Herminio era mendigo desde hacía varios años. Había estado por la calle de lado a lado, en verano y en invierno, desde hacía casi una década. Cuando se vio abocado a vivir de la compasión de los demás comenzó a pedir de forma activa, es decir, hablando con la gente mientras caminaba por las calles de la ciudad. Algo sacaba, pero era un trabajo excesivamente cansado para el poco rendimiento que obtenía. Pasó el tiempo y, aburrido, pensó, “mejor me siento”. Fuen entonces cuando comenzó a pedir en la calle de forma pasiva, es decir, sentado en el suelo, sin hablar, con un cartel explicativo a modo de escaparate. Obtenía el mismo rendimiento que cuando pedía de forma activa, pero era mucho menos cansado, aunque más doloroso, pues sus huesos sufrían lo indecible y estaban entumecidos por la falta de movimiento.

Pensó que necesitaba un cambio radical. Las dos formas de mendicidad anteriores no resultaban efectivas y Herminio era un hombre que no se rendía fácilmente. Tenía que haber una forma de conseguir más de lo que había conseguido hasta entonces. Como gozaba de todo el tiempo del mundo, Herminio buscó la forma de especializarse en algo concreto  y, claro, para ser un buen mendigo al uso, nada mejor que aprender a tocar un instrumento.

El caso es que descubrió que tenía buenas cualidades para tocar el violín. Varios meses le costó conseguir hacerse con un violín y otros tantos aprender a interpretar con él. Con esta nueva estrategia fue pasando los días interpretando piezas clásicas en las zonas más transitadas de la ciudad. Logró algo grande, al menos al principio, pues se congregaban entorno a él cientos de personas para escuchar las piezas que interpretaba. Por supuesto obtenía más ingresos que cuando iba pidiendo sin ofrecer nada a cambio, pero lo que conseguía era muy poco, teniendo en cuenta el elevado número de personas que se detenían para escucharlo. Tenía, entonces, muchos seguidores y fans”, pero, en proporción, pocos beneficios.

Fue entonces cuando Herminio dio a su estrategia otra vuelta de tuerca y pensó que estaba muy bien para su ego el tener cientos de seguidores de su música en las calles más transitadas, pero si su objetivo era lograr un beneficio económico proporcional al tiempo de dedicación, esa estrategia no era la óptima. ¿Qué podía hacer?. Pensando, pensando, decidió que comenzaría a tocar el violín en las calles donde transitaran personas con una cierta afición a la música; personas que, de alguna forma, estuvieran relacionadas directa o indirectamente con esta disciplina. Y así lo hizo. Donde había una escuela de música, ahí iba él, a la puerta; que un auditorio donde se ofrecía un concierto, allí estaba él. Punto por punto, escuela por escuela, fue ofreciendo su trabajo. Por supuesto, los que se paraban a escucharle eran muchos menos que cuando lo hacía en las calles más transitadas, pero los beneficios eran mucho mayores, pues su audiencia tenía mayor calidad.

Así fue como Herminio empezó de verdad a ver cómo sus esfuerzos se veían proporcionalmente recompensados hasta tal punto que hoy en día puede vivir de ello de una manera digna, acudiendo allí donde lo que puede ofrecer tiene posibilidades de ser aceptado y valorado.

Herminio lo vio claro, era mucho más valioso tener pocos seguidores, pero de calidad, que cientos de ellos sin ninguna fidelidad a su trabajo

Espero que me permitáis esta pequeña metáfora y que os pregunte: Y vosotros…¿dónde tocáis el violín?

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