El pasado fin de semana participé en un blogtrip, organizado por la cadena de hoteles h2, concretamente en el Hotel H2 Castellón, bajo el hastag #llevamecontigoh2 y con la batuta de Jaime López Chicheri.

Los asiduos a este tipo de eventos, ya sabéis, tratamiento VIP en un hotel, actividades de lo más entretenidas, gastronomía de la zona,… Lo normal cuando tienes la suerte de participar en algo así es que, como contraprestación, al menos hables del hotel, de la cadena, de sus valores añadidos y recomiendes los establecimientos en cuestión. Lo mismo si es un destino. En definitiva se trata de difundir lo que has vivido y transmitir a quien te escuche que podrá vivir lo mismo si experimenta lo que le estás recomendando.

Pero en este caso, yo no voy a hacerlo así… No voy a decir que el hotel H2 Castellón me pareció impecable. No voy a decir que sus habitaciones eran amplias y confortables, ni que el personal que nos atendió en recepción, pisos, desayunos, era tan amable y profesional como se puede esperar de una cadena joven y con ganas de hacerlo bien. No, mejor no voy a hablar de esto – aunque sea así – porque no es esto lo que más me sorprendió. Y eso que ya sólo con esto sería sufciente.

Es un mensaje con un concepto inusual lo que relamente me sorprendió…

Me sorprendió encontrarme con algo que no es habitual encontrar en una cadena hotelera: un equipo humano que da la imagen de auténtica familia, de verdad, sin caer en tópicos. Me sorprendió que su presidente, Pablo Vallet, nos dijera repetidamente que no estábamos ahí para escribir sobre el hotel, ni tuitear, ni compartir imágenes en Facebook o Instagram; Pablo decía repetidamente que estábamos ahí sólo para pasarlo bien… ¡El presidente de una cadena con 7 años de vida que lucha por salir adelante, con todo lo que eso conlleva, sólo pretendía que lo pasáramos bien! Yo me lo pasé en grande, como pocas veces, pero mi mente marketiniana no comprendía que no hubiera ninguna “invitación” a difundir por las redes sociales todo lo que ahí ocurría.

Según iban pasando las horas iba comprendiendo lo que ocurría y cuál era el mensaje…

Veía al presidente brindar y abrazarse con el director comercial; a éste bailar con la community manager, mientras abrazaba también, al tiempo, a unos y otros. Bailaban y cantaban todos juntos y en la misma dirección. Al verlos se respiraba un nivel de compenetración y de implicación en cada paso que daban, en cada tarea que realizaban, todos juntos, inusual. Si preguntaba individualmente a cada uno de ellos sobre la empresa en la que trabajaban, la respuesta siempre era la misma, como un karma, nos encanta trabajar aquí aquí venimos siempre de buen humor y con ganas de hacer cosas. Y todos, siempre juntos, en la misma dirección. ¿Cómo se logra esto? La verdad es que no tengo muy claro cómo, pero supongo que tiene que ver con el buen hacer y la inteligencia en materia de dirección de personas.

Y ¿qué se consigue con esa actitud?…

La respuesta es obvia, pues lo que se logra es lo más importante: excelencia en la atención y en el servicio. Si vas a un hotel y te encuentras con la alegría, la motivación y las ganas de prestar un servicio perfecto, lo demás es accesorio. Con un equipo así, la limpieza, amplitud, confortabilidad, calidad en comidas y bebidas, buena ubicación y demás – que también lo tienen – es algo que queda en un segundo plano. Si juntas todo, la nota es un 10.

Por si queréis conocer a este grandísimo equipo humano, los tenéis en Twitter:
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Os dejo con el Presidente y la CM de Hoteles H2…Pues eso, lo que os decía 😉

Hasta la próxima