Hola, amigos

Dando una vuelta por el hotel he pensado que merecía la pena encajar en la serie “Empleados de hotel” a un tipo de empleado que, está ahí, junto a nosotros todos los días y que no lo valoramos en su justa medida, por la costumbre que tenemos de pensar que “es así”. Me refiero al empleado “Ratón de armario”.

Es un ejemplo de minuciosidad en el trabajo. Lo hace todo con un acabado y una predisposición que no son lo habitual. Por supuesto es muy lento, pero eficiente. No deja nada a medias. Si se le encarga que haga por ejemplo un análisis de la competencia, lo realiza con un nivel de detalle asombroso. Eso si, puede tardar un mes para analizar un par de hoteles.
Pero no sólo realiza trabajos de cierta importancia. Sólo cierta, porque no puedes confiarle funciones de envergadura que requieran tomar una decisión acertada, pues le daría tantas vueltas que nunca llegaría al final y podría pasarse horas y horas, mirando y remirando consecuencias, que si llegara a alguna conclusión no sería capaz de proponerla con tanta duda acosándole. Está claro, pues, que es un empleado sin ninguna posibilidad de alcanzar un estatus laboral alto. Diría que ni siquiera de mando intermedio.

Pero dile que cuadre una caja; lo va a hacer al céntimo. Y si le falta o le sobra un solo céntimo va a revolver Roma con Santiago para encontrarlo. Y cuando lo encuentre, investigará hasta el fondo el por qué, y preguntará, y si no entiende las respuestas exigirá re-explicaciones hasta que lo comprenda todo. Para encomendarle ciertas tareas es un seguro a todo riesgo. Lo malo, repito, es que deben ser tareas simples, que no entrañen un riesgo de problema grave o error irrecuperable.

Lo que pasa es que este tipo de tareas existen. Por ejemplo, mientras no se digitalice la información o se llegue a una factura electrónica (me estoy acordando de Arturo Cuenllas y Edu William – no se por qué), alguien tiene que organizar el archivo en papel. ¿Quién?, el ratón de armario. Esto es sólo un ejemplo, pero seguro que a todos los Directores generales, directores de RR.HH., jefes de departamento se les ocurren muchas más.

Por último decir que está muy limitado y no es conveniente encomendarle funciones que requieran un contacto directo con el cliente, pues podría volverle loco. Trabajos administrativos y “marroncillos” de esos que no quiere nadie por lo aburridos que son. Eso es lo que hay que darle, y…hay que aprovecharlo. Además es un tipo de empleado que en seguida está a gusto y no se plantea el ascender u obtener más responsabilidad. No se plantea el marcharse a trabajar a otro hotel, por lo que es muy fácil retenerlo.
Ya sabéis, descubrir a vuestros ratones de armario, que seguro que los tenéis. Me atrevería a apostar que muchos de vosotros estáis poniéndole cara y nombre de pila.

Otros tipos de empleado:
Tóxico (por Juan Sobejano)
Integrador
Mendigo
Maniquí

Hasta la próxima.

Rafael

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